Los caminos de la música clásica en Matanzas (II)

Por Jessica Mesa Duarte

Cada músico es un solista dentro de la Orquesta Sinfónica de Matanzas. En una suerte de alumbramiento, sus individualidades se convierten  en una colectividad de sueños, identidades y pasiones…

Grandes músicos de la escena nacional han actuado junto a la Orquesta Sinfónica de Matanzas

Ninguna experiencia es comparable a la posibilidad de escoger tu futuro profesional y hacerlo bien. En cualquier oficio o profesión será determinante la inclinación que exista en ti para asumir cualquier responsabilidad o trabajo.

Más allá de la preparación académica y los requisitos que precisa el desempeño de tus funciones, lo más importante será siempre la vocación. Eso lo tienen muy claro los jóvenes integrantes de la Orquesta Sinfónica de Matanzas.

“Para mí es un gran honor e invaluable enseñanza pertenecer a este colectivo. Gracias a la Sinfónica y a la interacción con músicos y profesores matanceros he aprendido lecciones que serán indispensables en mi trayectoria profesional”, asegura una muchacha cuya sonrisa nunca se le borra del rostro cuando toca su instrumento.

Nerviosa también se acerca otra estudiante para comentar su experiencia. “Como brindamos conciertos dos veces al mes siempre nos acercamos a nuevas piezas musicales, conocemos compositores diversos, rescatamos obras y las representamos para el público de nuestra ciudad. Nuestro objetivo es el que el público se sienta satisfecho y disfrutar al máximo cada presentación”.

Todos ellos se manifiestan conscientes de la enorme riqueza cultural que distingue a la formación de la que son parte. “Entramos a la Orquesta como alumnos y poco a poco, casi sin darnos cuenta, crecemos profesionalmente. A la par nos identificamos con el formato, con la interpretación en conjunto donde cada uno tiene un rol que cumplir, aprendemos muchísimo a trabajar con diferentes instrumentos y las más variadas personalidades”.

En relación a ello, su compromiso mayor es ofrecerle al público la mejor presentación. “Es una gran responsabilidad como persona y como músico porque implica sacrificio y disciplina, dedicar mi tiempo libre a estudiar, levantarse temprano, estar en los ensayos todos los días en el horario establecido, entregar mucho de mí.

“Me siento muy bien porque he dedicado muchos años a estudiar lo que hoy llevo a la práctica. Para mí es muy importante que se haga este tipo de música para que el pueblo matancero recupere con más fuerza la cultura de asistir a un concierto. Yo lo disfruto mucho y espero que cada año se incorporen más personas que contribuyan a mejorar nuestra cultura”.

Aunque no todo es color de rosa en su día a día por las exigencias que implica la preparación, todos coinciden en dedicarse por entero a la profesión que escogieron un día.

“Siempre supe que lo que me gustaba era la música clásica. Desde que me gradué pasé el Servicio Social en la Orquesta Sinfónica y aquí pienso continuar porque mi realización personal es tocar este tipo de música.

“Lo que lamentamos es que no podemos vivir solo con nuestro trabajo en la Orquesta. Por eso aprovechamos las oportunidades que nos brinda estar al lado de uno de los polos turísticos más importantes del país donde encontramos opciones de trabajo de mayor remuneración”.

Ileana Moliner, defensora durante muchos años del trabajo de la agrupación desde su dirección general, se refirió a los desafíos que a diario enfrentan en pos del desarrollo de la institución.

“Son muchos los jóvenes que pertenecen a la Orquesta Sinfónica matancera. Y los jóvenes tienes aspiraciones, sueños, proyecciones pero desgraciadamente en nuestro contexto les es muy difícil porque no todo el mundo comprende nuestra necesidades que en definitiva con llevarías al desarrollo y la mejor proyección de nuestra institución hacia la población”.

Los más experimentados que aún permanecen en sus filas apuestan por mantener el legado como brújula firme ante las tormentas. Con más de 2 décadas de trabajo en la agrupación, consideran el predominio de los jóvenes como una fortaleza.

“Ahora la orquesta está muy joven y tenemos que ayudar a esos muchachos. Yo entré como ellos, lleno de inseguridades y temores. Tenemos que dedicarnos a enseñarlos con mucha paciencia para reconquistar el nivel que nos distinguía. Me he mantenido todos estos años porque es lo que me inspira cada día, me gusta, es mi vida. Creo que sin este pedacito no puedo vivir”.

Las historias de muchos de ellos están intrínsecamente ligadas a la trayectoria misma de la orquesta sinfónica.

“Entré muy joven e inmaduro a la Orquesta, aquí he pasado más de 30 años, me hice hombre y me hice músico. Me ha aportado tanto que jamás podré agradecerle a todos mis maestros.

“Cuando nosotros llegábamos a La Habana se llenaban los teatros. Recuerdo una presentación en el Amadeo Roldán, bajo la dirección del maestro Enrique Pérez Mesa, cuando abrieron la cortina y salió la sinfónica de Matanzas el público se levantó para aplaudirnos. Son cosas que recuerdo y… pero no podemos parar”.

No existen palabras capaces de describir las emociones que se asoman a los ojos de mis entrevistados. El escenario ha cambiado sobremanera, pero el sentimiento es el mismo. El orgullo de la pertenencia, de las memorias felices y las nostalgias de aquellos tiempos de gloria motivan un nudo en la garganta de más de uno de ellos.

El escenario ha cambiado y así también se han acentuado las dificultades. Pero siempre habrá espacio para un rayo de luz.

Publicado originalmente en Cubahora

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